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Cerveza Húngara

Int. Día. Vagón de tren.

Antonio (veintitantos años, pelo corto, viste camisa beige y pantalones negros) sentado junto a la ventana. Mira hacia fuera, saca un celular de una mochila que lleva junto a él, marca un numero, suena una grabación diciendo que está fuera del área de cobertura.

Corte A:

Negro.

Créditos.
Santiago.

Corte A:

Int. Día. Bar restauran.

Mauricio (veinticinco años, pelo muy corto, polera sin mangas, pantalones cortos y chalas) y Antonio toman café, Antonio fuma un cigarro.

Antonio.
El otro día cuando andaba en concepción me encontré con un tipo en la calle que me dijo que te había visto.

Mauricio.
¿Y cuando fuiste a Concepción?

Antonio.
Vengo llegando de allá, estuve seis meses en Concepción, si te había contado, ¿por qué creí que ando con mochila?

Mauricio.
No se, se me había ocurrido que te habíai quedado en la calle y me íbai a preguntar si te podíai quedar en mi casa.

Antonio.
Bueno, eso también, pero no, vengo llegando de Concepción.

Mauricio.
¿Y que estábai haciendo allá?

Antonio.
Puta wueón si te llame hace un mes diciendo que me venía, ¿no te acordaí?

Mauricio.
Mmm, nop.

Antonio.
Fui a la casa de mi tía que estaba haciendo una ampliación, que quería que la ayudara y me iba a pagar algo de plata.

Mauricio.
¿Tu tía?, ¿Cuál?, ¿la que criaba perros de carrera?

Antonio.
Si po, si te conté que me faltaban unos sacos de cemento y te pregunte si los podiai encontrar mas baratos acá. Hasta me hiciste una cotización y después me los mandaste por encomienda.

Mauricio.
¿Y estay seguro que fui yo?, bueno filo, dale, ¿y como te fue?.

Antonio.
Pésimo, me peleé con mi tía y se fue a la casa de una prima que vive en Temuco, me quede solo haciendo la ampliación y después te llame pa que me fuerai a ayudar, se suponía que llegábai la semana pasada.

Mauricio.
(muy sorprendido) ¿En serio?.

Antonio.
En fin, contrate a un loco pa que me ayudara y un día en la noche que hicimos una fiesta pa celebrar que habíamos terminado el piso de la cocina este loco quemo la casa.

Mauricio.
¿La casa de tu tía?, ¿y que dijo?

Antonio.
¿Quién?, ¿mi tía?, No se, no eh hablado con ella, después me estuve quedando en la casa de este loco un rato.

Mauricio.
¿Del que te quemo la casa?

Antonio.
Si po, si me quema la casa mínimo que me reciba, si no tenía adonde quedarme, la cosa es que estuve como dos días allá esperando que llegaraí y después me vine.

Mauricio.
Guau, la media historia, ¿y se suponía que yo iba a ir a Concepción?

Antonio.
Si po, bueno la cosa es que este tipo que me encontré en la calle, un taxista medio gordo que parece que te conocía.

Mauricio.
Ahh, ¿Don Alfonso?

Antonio.
No tengo idea, la cosa es que me dijo que te había visto la semana pasada por allá en una protesta, había como una marcha y cuando llegaron donde los pacos tu saliste del montón y te empelotaste en medio de la wuea y empezaste a correr y a gritar por todas partes, los pacos quedaron tan pa dentro que ni siquiera te llevaron en cana.

Mauricio.
Jajajaja, verdad que fui a Conce la semana pasada, pero no, si estuve en cana al final.

Pasa el mesero y deja la cuenta sobre la mesa.

Mauricio
¿Y había quedado en ir a verte?.

Antonio.
Si po wueón.

Mauricio.
Puta sorry, igual estaba en cana así que igual no hubiera servido de mucho.

Mauricio se termina de tomar el café.

Mauricio.
Ya, vamos donde el Húngaro.

Antonio.
¿Qué Húngaro?, ¿el de las cervezas?

Mauricio.
Si po, pa que cachí un poco mas el negocio.

Antonio.
Pero wueon, si no tengo plata.

Mauricio.
¿Y lo que te iba a pagar tu tía?

Antonio.
Por culpa mía se le quemo la casa, ¿te acordaí?, aparte tengo que pagar la operación de mi vieja.

Mauricio.
¿Y no habían operado a tu vieja?

Antonio.
Si po, ahora tengo que pagar la operación.

Mauricio.
Ah, bueno ahí vemos que hacemos, pero vamos que me quede de encontrar con él hace como media hora.

Se levantan de la mesa, Mauricio toma la cuanta y se mete la mano a los bolsillo.

Mauricio.
¿Tení doscientos pesos?

Corte A:

Ext. Día. Calle.

Mauricio y Antonio frente a un edificio antiguo de dos piso, el piso está mojado y hay restos de detergente junto a la vereda, tocan el timbre, no contestan.

Mauricio.
Puta este wueón, debe estar durmiendo.

Mauricio sigue tocando el timbre, de improviso caen dos bombitas de agua, una al lado de Mauricio y otra junto a Antonio, ambos se corren al sentir el impacto.

Mauricio.
¡¿Qué wueá?¡

Se escucha una risa desde el segundo piso.

Mauricio.
(Algo enojado.) Jaja, chistosito, abre mejor.

Se escucha el ruido de la puerta al abrirse, Mauricio se dirige hacia ella algo molesto, Antonio lo sigue.

Corte A:

Int. Día. Habitación.
Entran Mauricio y Antonio, el lugar esta bastante descuidado pero ordenado, tiene muy poca decoración, solo unos sillones viejos, una cama, una mesa y algunas cajas amontonadas. El Húngaro (28 años, medio chascon, algo desaliñado, pantalones de milico y una polera de algún grupo de metal) está junto a la ventana mirando por un telescopio.

Húngaro.
Cacha, cacha.

Mauricio mira por el telescopio pero no ve nada.

Mauricio.
¿Qué cosa?

Húngaro.
¿Están todavía?

Mauricio vuelve a mirar por el telescopio.

Húngaro.
Es que recién vi a un paco asaltando a unos locos, quiero ver si todavía andan por aquí, recién estaban.

Mauricio.
¡¿Qué?¡

El Húngaro le quita el telescopio a Mauricio y mira por él.

Húngaro.
En serio, un paco asaltando a unos locos que venían de comprar en la botillería de la esquina, les quito el copete, la plata, les pego un par de palos y después se subió a una patrulla que lo estaba esperando.

El Húngaro deja el telescopio y se rasca la cabeza.

Húngaro.
Se me ocurrió llamar a los pacos, pero como que ¿pa que?, después se me ocurrió llamar a los tiras pero menos.

El Húngaro mira a Antonio que está parado algo incomodo.

Húngaro.
Siéntate.

Antonio algo descolocado se sienta en una silla junto a la ventana.

Húngaro.
Al rato los vi que pasaron como dos veces por está calle y después se pararon acá al frente de la casa y empezaron a tocar el timbre, como que cacharon que los vi por el telescopio me tinca, pero no se, la cosa es que me cague de susto y no sabia que hacer.

Mauricio.
¿Y?.

Húngaro.
¿Y que?.

Mauricio.
¿Y que hiciste?.

Húngaro.
Ah, al principio nada, me fui a encerrar al baño, después me asomé por la ventana y seguían ahí, así que les tire unas bombitas de agua.

Mauricio lo mira algo enojado.

Húngaro.
Si es que estaba inflando bombitas de agua pa tirarles a ustedes cuando llegarán.

Vemos un balde lleno de agua con bombitas de agua junto a la ventana al lado del telescopio.

Húngaro.
Y los pacos como que se enojaron y me empezaron a gritar que bajara, que abriera la puerta, y yo les seguí tirando bombitas de agua, le achunte a uno en una pierna y al otro en la cabeza, al final botaron la puerta y entraron, me sacaron la chucha, bueno, no tanto, pero me dejaron media moreteada la espalda, después me preguntaron si tenía una manguera, yo les dije que si po, si tengo una manguera, y me hicieron que les lavara la patrulla los muy cabrones, estuve como media hora lavándoles la wuea de patrulla mientras estaban acá arriba sentados tomándose el copete y viendo tele, después como que les salió un llamado y tuvieron que irse, me dejaron una botella de pisco.

Mauricio.
¡Chucha la wuea¡.

Húngaro.
Si wueón, parece que andaban por acá de nuevo, (muy relajado) ¿quieren probar la cerveza?

Mauricio.
Ya dale.

El Húngaro sale de la habitación, Mauricio mira un instante por el telescopio con algo de desconfianza.

Antonio.
Oye, ¿pero este loco no es Húngaro?.

Mauricio.
No po.

Corte A:

Ext. Día. Frontis restauran.

Alberto con la mochila puesta, marca un número en su celular, una grabación le dice que no le quedan minutos para efectuar un llamado.

Corte A:

Int. Día. Restauran.

Antonio entra y Pancho (24 años, polera negra sin mangas, pelo corto), le hace un gesto para que se siente en la mesa con él.

Pancho.
El Mauricio fue al baño, ¿querí café?

Antonio.
No, una cerveza mejor.

Pancho le hace un gesto a la mesera para que le traiga una cerveza a Antonio.

Pancho.
¿Así que andaban donde el Húngaro?

Antonio.
Si.

Pancho toma café.
Pancho.
¿Y que te pareció la cerveza?

Antonio.
¿Sabíai que el Húngaro no es Húngaro?

Pancho.
Si, lo que pasa es que se llama Juan Húngaro, por eso le dicen Húngaro, bueno, y por que de repente viaja a Hungría.

La mesera le trae una cerveza a Antonio.

Antonio.
Gracias.

Pancho.
Bueno, en realidad no se llama Juan, le dicen Juan, pero se llama Alfredo, Alfredo Húngaro.

Pancho toma café.

Antonio.
¿Y por que le dicen Juan?

Antonio toma cerveza, Pancho se queda pensativo un instante.

Pancho.
No tengo idea.

Antonio hace un gesto de desagrado por el sabor de la cerveza, llega Mauricio, revisa números telefónicos en su celular, se sienta junto a Antonio.

Pancho.
¿Y vení llegando de Conce?

Antonio.
Si, hoy día.

Pancho.
Yo llegue ayer de Chillan, me vine en tren.

Mauricio guarda el celular.

Pancho.
Lo que me empelota de Chillan es que todos te saludan, o como que te van a saludar, parece pueblo chico la wuea, pero como no conocí a nadie, no saludai a nadie, yo soy de Santiago no ando saludando gente por ahí, pero como que te van a saludar pero no te saludan, y si los saludai te miran raro, claro, por que no los conocí, pero lo mas raro es que igual te saludan, pero te quedan mirando como raro por que no te conocen. ¿me cachai?

Antonio lo que mirando algo extrañado.

Antonio.
No se, nunca eh ido a Chillan.

Mauricio.
Ya, oigan, hable con el Húngaro y esta todo listo, el embarque parte pasado mañana y llega la próxima semana a Chile.

Pancho.
¿Tu sabiai que el Húngaro no se llama Juan?.

Mauricio.
¿Que?, no, no tenía idea.

Se quedan en silencio un instante.

Pancho.
¿Y entonces? (dirigiéndose a ambos).

Mauricio.
¿Vay a invertir o no? (dirigiéndose a Antonio).

Antonio.
¡Wueón, no tengo plata, le queme la casa a mi tía, tengo que pagar la operación de mi vieja y no tengo donde dormir hoy día en la noche¡.

Corte A:
Ext. Día. Carrito de completos.
Mauricio, Antonio y Pancho, sentados en la vereda junto al carrito, comiendo completos, la única mesa que hay está ocupada.

Corte A:

Int. Día. Baño.

Amalia (veintisiete años, pelo largo castaño, tez blanca, viste unos blujins y chaleco de lana) sentada en la taza de baño, habla por un teléfono inalámbrico.

Operadora.
Aló, disculpe la espera, ¿en que la puedo ayudar?.

Amelia.
Hola, sabe que encargue un sillón de dos cuerpos y me lo vinieron a dejar, pero no traía los cojines, los muchachos que lo trajeron me dijeron que no venían incluidos.

Se abre el plano y vemos la puerta del baño semi abierta, en el pasillo junto a esta hay un sillón azul forrado en plástico pero sin los cojines.

Operadora.
Ah, ¿pero usted compró el que estaba en promoción?

Amelia.
Claro.

Operadora.
Verá usted, es que esa oferta se produjo por una partida de sillones que llegó sin cojines, pero nuestra casa comercial entiende la necesidad de nuestros clientes por los cojines, así que va a hacer un sorteo entre la gente que ya compro sillones y vamos a regalar veinticinco cojines, pero de color rojo por que se nos acabaron los azules.

Amelia.
Ya…

Operadora.
Si se fija en el sillón debe venir con un cupón.

Amelia toma un papel que esta tirado en suelo que parece ser el cupón.

Operadora.
Usted solo lo tiene que llenar y enviarlo por fax en horario de oficina y nosotros le avisamos si es que ganó.

Amelia.
Haber, ¿entonces tengo que llenar el cupón, mandarlo por fax en horario de oficina y si es que gano me dan dos cojines rojos?

Operadora.
No, un cojín, el sorteo es por un cojín.

Amelia.
¿Por un cojín?

Operadora.
Claro, un cojín rojo.

Amelia.
Ya, ¿Y lo puedo devolver?

Operadora.
No, lo siento, los productos en oferta no tienen devolución.

Corte A:

Negro.

Créditos.
La Serena.

Corte A:

Int. Día. Bar.

Antonio, Mauricio y Pancho sentados bebiendo cerveza, cada uno tiene una mochila junto a su silla. Pancho revisa un mazo de cartas para ver si está completo, Mauricio se balancea en su silla.

Mauricio.
Sabían que hay avión que viaja en contra del uso horario y que pal año nuevo cruza la línea de las doce como tres veces, entonces podí celebrar el año nuevo tres veces en un día.

Pancho.
Si, si sabía.

Antonio.
¿Y qué tiene que ver eso?, de partida, ¿qué hacemos en La Serena?, ¿en el embarque no llegaba a Valparaíso?.

Mauricio.
Bueno, un pequeño error de calculo, a mi me habían dicho que llegaba acá.

Antonio.
¿Supongo que tu vai a pagar este viaje?

Mauricio.
Se me ocurrió una idea, cuando llegue el cargamento nos podríamos ir a Bolivia y vender las cervezas allá.

Antonio.
¡¿A Bolivia?!,¡¿qué chucha?!,¡¿hacemos en La Serena?!.

Pancho.
Aparte eso de Bolivia no funciona, ya lo probo Pancracio Benavides en la década de los cuarenta y no funciono.

Antonio.
¿Quién?

Mauricio se deja de balancear.

Pancho.
Pancracio Benavides, un gran poeta y dueño de una pizzería, trato de vender cerveza en la Paz pero termino siendo parte de un culto religioso extrasensorial, le fue pésimo, se caso con cinco esposas por que su culto se lo permitía y termino trabajando en una mina de carbón para mantener a su familia, tenía 14 hijos creo, después se dedico a la plantación de coca y se hizo traficante internacional, lo mataron en la selva a fines de los sesenta cuando trataba de formar una guerrilla revolucionaria en la frontera con Brasil, aunque algunos dicen que fue abducido.

Mauricio.
¿En serio?

Pancho.
Si wueón.

Antonio.
¿Pancracio Benavides?...¿Bolivia?...¡¿qué mierda?¡, ¡¿wueón?¡, de partida ¿por qué tenemos que venir a buscar el cargamento?, ¿por qué no hacen que llegue a Santiago de una?

Mauricio.
¿Se puede?

Antonio.
Obvio que se puede.

Mauricio.
Bueno, igual este es el primer cargamento, y si no resulta lo de Bolivia, bueno, siempre está Paraguay.

Pancho niega con la cabeza.

Pancho.
Ya lo intento Javier Quintanilla en los cincuenta, gran pintor y vendedor de las zapatillas inflables... y tampoco funciona.

Antonio.
¡¿Zapatillas inflables?¡

Pancho.
Un invento que nunca prospero en ninguna parte.

Antonio.
¿Y esos son todos tus planes?

Mauricio.
Si, ¿Por qué?, ¿se te ocurrió algo?

Antonio.
¡¿Qué?¡, ¡wueón te pase toda la plata que tenía y esa es tu respuesta¡

Mauricio.
Si po.

Pequeño silencio. Antonio se para muy enojado.

Antonio.
¡Me voy¡

Toma su mochila y sale de cuadro.

Corte A:

Negro.

Créditos.
Santiago.

Corte A:

Int. Día. Departamento.

Amelia sentada en una mesa que ocupa casi todo el espacio del lugar, la casa se ve algo pobre, mal decorada. En el centro de la mesa hay una tetera y un termo. Amelia toma mate y hojea una revista, suena el timbre, se para a abrir.

Antonio.
¿Amalia?, hola, el Mauricio me dijo que me podía quedar aquí.

Amalia.
Si, si, pasa, deja tus cosas ahí, ¿Cómo me dijiste que te llamabai?

Antonio.
No te dije, me llamo Antonio.

Amalia.
Digo, como el Húngaro no se llama Juan, por eso te preguntaba.

Antonio.
No, yo si me llamo Juan, o sea, Antonio, ¿me prestai el baño?

Amalia.
Si, dale, por el pasillo al fondo.

Antonio.
¿Y teléfono?

Amalia.
Al lado del baño, también tengo un teléfono inalámbrico por si querí ir al baño y hablar por teléfono al mismo tiempo.

Antonio.
No gracias, ¿Al fondo?.

Amalia.
Si al fondo, en la puerta amarilla.

Corte A:

Int. Día. Baño.

Antonio entra, se moja la cara y se mira al espejo, sale al pasillo y se encuentra con el teléfono, marca un número, suena llamando, contestan.

Antonio.
¿Aló?, ¿tía?, si yo el Antonio. Ya si se, pero cálmese, pero si no le pude avisar, en Santiago, ya pero cálmese.

Escucha en silencio un instante.

Llegue hoy día, ya, si se, ¡pero no se ponga wueona po tía si no fue culpa mía¡, ¡pero si le estoy tratando de explicar¡, pero para que le pone tanto…

Corte A:

Insert 1.

Paginas de una revista en la salen muchos tipos de sillones.

Corte A:

Int. Tarde. Departamento.

Antonio hojea la revista, llega Amalia con un termo y se sienta, Antonio deja la revista a un lado.

Amalia.
¿Querí?

Antonio.
Si, dale.

Amalia le hecha agua a un mate que hay sobre la mesa y mira fijamente a Antonio, le pasa el mate.

Amalia.
¿No te acordai de mi verdad?

Antonio.
Mm, no.

Antonio mira de reojo la revista.

Antonio.
¿Te gustan los sillones?

Amalia.
Un poco, ahora me compre uno, ese que esta en el pasillo, pero venía sin cojines.

Antonio.
¿Y pa que te compraste un sillón sin cojines?

Antonio le pasa el mate a Amalia.

Amalia.
Ya po, pero mirame bien, ¿en serio no te acordai de mi?.

Antonio.
No, en serio.

Amalia.
De la fiesta del Pablito.

Antonio.
¿Qué Pablito?, ahhh, ¿el que lo metieron preso por entrar a robar a la casa de un juez de la corte suprema?

Amalia.
Si po, la mala cuea, le dieron como veinte años, bueno, ese fue el día que conocí al Mauricio, ¿te acordai que tiramos toda la noche en la pieza de la hermana del Pablito mientras el Mauro estaba raja curado en el piso.

Antonio se queda pensativo un momento.

Antonio.
No, es mas, creo que no fui a esa fiesta...dame.

Amalia.
¿Cómo que no?, si andabai con unos lentes oscuros y una polera que decía “Yo no me mamo al payaso cabron” y salía un dibujo del payaso del McDonals.

Amelia toma un poco de mate y se lo pasa a Antonio.

Antonio.
¿Y hace cuanto fue eso?

Amalia.
Hace como dos años.

Antonio.
Yo conocí al Mauricio el año pasado.

Amalia se queda algo pensativa.

Amalia.
¿Y quien fue entonces?

Antonio se queda en silencio algo desconcertado, toma mate.

Antonio.
¿Y han habido noticias del Húngaro?

Amalia.
No, nada, dame.

Antonio le pasa el mate.

Antonio.
¿Por que se suponía que estos días le tenían que pasar la cerveza a un tal Don Clarimiro que la iba a distribuir, alguien le dijo que se iban a demorar el asunto?

Amalia.
Ah, Don Clarimiro, se murió.

Antonio.
¡¿Se murió?!

Amalia toma mate.

Amelia.
Si, la semana pasada, le dio un ataque al corazón, igual fue raro por que a Don Clarimiro todos los años desde hace como 15 años que siempre el mismo día le daba un ataque al corazón, entonces le empezamos a hacer una fiesta ese día, por si se moría pa que se fuera contento, el siempre decía que este año no le iba a dar, y siempre en el momento mas inesperado de la fiesta le daba el ataque, y nunca se moría, pasaba como tres días en el hospital y después como si nada, igual los últimos años estábamos mas preparados, siempre invitábamos a unos paramédicos y hasta nos conseguíamos una ambulancia, pero esta año fue el año, como que cuando dijeron que se había muerto nadie se la creía... fue súper triste.

Amelia le da una última chupada al mate.

Amelia.
Se acabo el agua, voy a buscar mas.

Amelia toma el termo y se para.

Amalia.
¿Tu le quemaste la casa a tu tía verdad?

Antonio.
Eh, si.

Amalia sale de cuadro hacia la cocina, Antonio se queda solo en la mesa, suena el teléfono.

Amalia.
(desde la cocina) ¿Podí contestar porfa?

Antonio se para y contesta un teléfono que esta cerca de la ventana.

Antonio.
Aló, ya, si, si no hay problema, yo le digo.

Antonio.
Oye, te ganaste un cojín rojo, lo tení que ir a buscar mañana entre las 8 y media y las nueve a Estado con Condell, tercer piso.

Amalia.
(Desde la cocina) Ah que buena, gracias.

Antonio se queda algo pensativo.

Antonio.
Oye, pero tu sillón es azul.

Corte A:

Ext. Atardecer. Carrito de completos.
Mauricio de pie frente al carrito comiendo un completo, la única mesa que hay está ocupada.

Corte A:

Int. Noche. Departamento.

Mauricio, Amalia y Pancho están sentados jugando cartas y tomando mate. Están todos en silencio concentrados en su juego, entra Antonio.

Mauricio.
Dale, siéntate.

Antonio se sienta, deja una llave sobre la mesa.

Antonio.
Ahí está la llave, ¿Alguna noticia?

Le reparten cartas.

Mauricio.
¿De que?

Antonio lo mira algo sorprendido-enojado.

Antonio.
¿De que va ser?

Mauricio.
Ah, del Húngaro, no, nada todavía.

Amalia toma del mate.

Amalia.
Se acabo el agua.

Se para, toma el termo y se dirige a la cocina.

Mauricio.
Ah, te llamo el loco que te quemo la casa, te quería pedir disculpas, no se como tenía este número o sabía que estabai acá pero como que mucha gente sabe, también llamó tu tío preguntando que onda con la casa de tu tía, que como se la habiai quemado y te llamo un tipo de la u diciendo que te había echado un ramo.

Pancho.
Te toca.

Amelia vuelve con el termo, se para junto a Mauricio y deja el termo sobre la mesa.

Amalia.
Parece que se hecho a perder el hervidor.

Mauricio la mira, se para, toma la tetera y se dirige a la cocina, Amalia se sienta en el lugar de Mauricio, mira un instante a Antonio y toma las cartas que están delante de ella, las mira y se da cuenta que no son las de ella, las deja en la mesa y toma las suyas que están en el puesto de al lado. Suena el teléfono, Mauricio contesta.

Mauricio.
(desde la cocina) ¡Antonio¡, ¡oye¡, ¡tu vieja se murió¡.

Antonio.
¡¿Ah?¡

Mauricio.
Tu vieja, se murió.

Corte A:

Fin.

Cerveza Húngara.
Nicolás Hayden.
Escuela de Cine de Chile.
(Último borrador, Julio 2006)

***Todos los derechos reservados***

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